La inteligencia artificial no es ni artificial ni inteligente: es una industria material y extractiva que consume minerales, energía, agua y trabajo humano, y que concentra poder.
Ideas clave
- La IA depende de minas de litio, centros de datos que gastan agua y energía, y cadenas de suministro globales.
- Detrás de la «automatización» hay mucho trabajo humano oculto y mal pagado: etiquetadores, moderadores, repartidores.
- Los datos no son neutrales: clasificar rostros o emociones mete dentro sesgos y formas de control.
- La IA es, sobre todo, una cuestión de poder: quién la diseña y para qué.
Crawford viaja, literalmente, a los lugares donde se fabrica la IA: minas, almacenes, centros de datos, archivos de fotografías policiales. El resultado es un mapa de todo lo que no aparece en las presentaciones de producto.
Es el antídoto perfecto contra la idea de la IA como algo etéreo que vive «en la nube». Su punto débil es que, a veces, la denuncia pesa más que la explicación, y que el libro se escribió antes de la ola de ChatGPT, así que no trata los modelos de lenguaje actuales. Aun así, su argumento central sigue vigente y encaja con lo que otros libros, como el de Gosálvez, dicen del coste físico de la «inteligencia».
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